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Terra
La Coctelera

Categoría: aeroplano

Apuntes

Efusión

Por Juan Pablo Castellanos

He aprendido a bailar. Solo, sin ayuda. La gente no me miente ya. Sonríen. Cuando la gente sonríe no miente. Ya nadie me discutirá esta apreciación. Describo un óvalo con mi cadera. Óvalos imaginarios. Los veo delgados y translúcidos, borde violeta, fulgurante como el neón. Mis pies matan insectos: atrás, adelante; nunca dejan de salir de la nada, y matarlos a todos me hace interesante, acaso deseable. Sonrío, es una pose que sé debo sostener hasta el final. Es difícil, porque mientras el verdadero afán me resta tranquilidad, parezco (perezco) cómodo y resuelto a vivir feliz por siempre. Difícil. Es como si alguien introdujera alacranes en mi entrepierna; bailaría mejor, tal vez, pero las consecuencias serían desastrosas. Aunque al final, si resumo todos los acontecimientos en una sola foto, cada uno finalizaría con su peror gesto: ojos entreabiertos, como cuando se eyacula, bocas torcidas y bolas de carne grasosas fuera de su lugar.Torsos deformes e hinchados, axilas escurriendo verguenza. Y yo, totalmente ebrio, tocando los glúteos de la esposa de mi mejor amigo.

Quisiera amanecer muerto, pero el sol, siempre el sol, vuelve todo tan real y vulgar, que los deseos de morir quedan en el mismo lugar que las ganas de comerse un pan con café. Vulgar. Pienso en mis lanzamientos no acertados y los veo como la repetición de un error en una competetencia deportiva. Perfecto el seguimiento, más dolor y más verguenza. Temo que mis amigos me rechacen al día siguiente. ¿Pero he sido acaso yo el único que ha hecho el rdículo? No, he sido el más ridículo. Fatal. Siempre liderando en lo peor.

Malgasto el día en elucubraciones para salvar mi dignidad, para no morirme de hambre.Nada.
Llega la noche y se enfría todo lo que toco. Estoy frío y desprotegido. Mis amigos me han abandonado. Mañana sí amaneceré muerto. Mejor. Nada que hacer aquí de todas formas.
Ya muriendo, me despierta una voz. Es un sueño, pero me da esperanzas. Mañana no saldrá el sol. ¿Podré morir?
Al amanecer, los ruidos de siempre me alegran ¿Por qué, si estaba tan vencido por mi verguenza y mi fracaso, estoy tan alegre por haber despertado vivo? Quiero bailar. Me arrojo en mi cama y siento que al hundirme en el colchón, flores marillas, súbita primavera, salen despedidas por mi peso, y se elevan con delicadeza sobre el lecho. Ah, qué feliz me siento. Tengo ganas de bailar

El estudiante de leyes

por Mateja Stern

El estudiante de leyes, devenido en marica, reconocido como humano solo por rufianes y prostitutas de pezón oscuro, se cruzó de piernas y sonrió como le habían enseñado. Cómo aprendo de rápido, habrá pensado con sus dos metros de estatura estorbándole la pose desprevenida, esa que ensayó durante semanas, para verse natural, como si un tipo de ese tamaño se pudiera ver normal en una silla tan pequeña y con un pantalón que le hería la entrepierna. Había estudiado ya más años de los que la dignidad permite y solo tenía de eso unos cuantos amigos y el recuerdo de algunos códigos penales ya derogados. Se acomodaba el pelo, que por lo delgado, se le escurría sobre los ojos y le causaba escozor en la nariz.

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Sus grandes manos se apretaban contra una almohada que llevaba consigo, cosa de la que se avergonzaba regularmente dejando caer la almohada al suelo, pero siempre levantándola de nuevo, pidiéndole perdón en voz alta. Yo lo veía desde mi rincón y pensaba en ir y decirle lo tonto que se veía tratando de ser atractivo para otros hombres. Pero no lo hice, me paralicé, de pronto me asaltó el recuerdo de mi princesa y no pude moverme ya nunca más. Dos cervezas intactas sobre mi mesa, un hombre tonto con una almohada sin funda y el hedor de mi pérdida, mi única compañía.